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Con algo más de 1.200.000 de habitantes a principios
de siglo, Buenos Aires era la ciudad más grande de América Latina.
Como Capital y principal puerto de la República Argentina, en plena expansión
económica, la ciudad crecía a un ritmo asombroso; con la llegada
de inmigrantes europeos crecían las inversiones extranjeras en tierras
y servicios públicos, se incrementaba aceleradamente el comercio nacional
e internacional, las explotaciones agropecuarias y la industria, por entonces
incipiente. Se construían viviendas, grandes edificios y puentes; se
pavimentaban calles y se ampliaban las redes de aguas, cloacas, alumbrado, tranvías
y ferrocarriles.
Aún en plena construcción, la ciudad era el símbolo privilegiado
de la pujante Nación Argentina.
“Por todas partes y a todos los rumbos el andamio intercepta la vista y el paso..., sobre el pavimento de la ciudad en obra. Todo el mundo edifica, bien o mal, modesta o suntuosamente, palacios o viviendas humildes. Pero la tierra se llena de cimientos, de paredes, la perspectiva del campo abierto y llano retrocede y se pierde. Y la ciudad se dilata sin descanso...”
Éste era el comentario de un observador en 1900. Entorno a 1910 sólo una quinta parte del territorio municipal estaba cubierto con edificios de modo más o menos continuo: un sector del actual macrocentro y un abanico de barrios hacia el oeste y el norte. El sur, salvo los antiguos barrios de La Boca y Barracas estaba vacío y mal abastecido. Entre los años 1904 y 1914 crecieron más los barrios más alejados y nuevos, pero conservando el orden colonial de la cuadrícula. Hacia el sur industrial, más allá del Riachuelo, se había formado el primer continuo edificado con el partido de Avellaneda.
En esos años el centro cambió radicalmente su aspecto con la construcción de nuevos y altos edificios destinados a la administración Nacional y Municipal, el comercio exterior, las grandes terminales de ferrocarril, los bancos, los hoteles, el comercio minorista y las actividades culturales, educativas y de esparcimiento. La ciudad entera ha quedado como un elocuente testimonio de esa esforzada epopeya colectiva.
El período comprendido entre los años 1880 y 1930 corresponde al de una etapa fundamental en la formación de la República Argentina:
En medio de este marco político, donde impera el liberalismo, se hace necesario formar una clase trabajadora ilustrada con la enseñanza técnica adecuada.concreta su imagen política de república liberal es el país con más Km. de vía férrea por habitante incrementa 13 veces sus exportaciones aumenta 5 veces su población importa seres humanos, gustos, costumbres, modas e ideas europeas desarrolla una arquitectura internacional marcadamente ecléctica
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La fotografía
muestra la imagen que presentaba la zona en años anteriores a la
construcción del edificio de la Escuela, que habría de ubicarse
en el solar ocupado por la estación del Ferrocarril Central,
en el extremo de las vías. Dicho ferrocarril corría sobreelevado sobre una estructura metálica, desde Casa deGobierno hasta Ensenada, localidad próxima a la ciudad de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires (1875). |
En 1886 los estudios secundarios se impartían fundamentalmente en Escuelas Normales y Colegios Nacionales, contando con apenas 4 escuelas de enseñanza especial: la Escuela de Minas, el Instituto de Sordomudos y dos Escuelas Nacionales de Comercio, una en Capital Federal y la otra en Rosario, según la concepción de Sarmiento.
Por iniciativa del Dr. Antonio Bermejo, Ministro de Justicia e Instrucción Pública siendo Presidente de la República el Dr. José Evaristo Uriburu, el 6 de febrero de 1897 se crea el Departamento Industrial como anexo a la Escuela de Comercio de la Capital. Este comienza con el desarrollo de sus clases el 15 de marzo de ese mismo año, con la asistencia regular de 56 alumnos, en el que “El Departamento Industrial proporciona una enseñanza científica y especial, teórica y práctica y preparará más tarde industriales inteligentes, jefes de talleres y fábricas, directores de obras públicas, dibujantes y maquinistas instruidos. Además, la instrucción que allí se recibe constituye una excelente base para emprender los estudios de ingeniería, agrimensura y arquitectura”.
En 1898 el Director de la Escuela de Comercio Prof. Santiago H. Fitz Simon propone al Ing. Otto Krause como nuevo Director Técnico del Departamento Industrial.
El proyecto del nuevo plan de estudios y programas aprobado el 10 de octubre de 1898 consiste básicamente en la ampliación de 4 a 6 años de estudio, siendo los cuatro primeros comunes y los dos últimos una bifurcación y la formación de tres clases de industriales: Mecánicos, Químicos y Maestros Mayores de Obra, a los que oportunamente se incorporará la especialidad Electricidad Industrial.
El impulso que le da su entusiasmo y la
visión clara y definida de lo que busca es expresado por el Ing. Krause:
“las industrias son una manifestación del
genio humano y constituyen la base de la riqueza y prosperidad de las naciones
... la enseñanza debe dejar ideas y principios definidos y perfeccionar
los conocimientos que se adquieren por la ciencia y la experiencia de la que
saldrán en adelante jóvenes preparados para ejercer su profesión
en beneficio del país ya que fomentarán el desarrollo de las
industrias”.
| A la izquierda vemos
el plano de la Ciudad de Buenos para la época de 1876, cuando no
se contaba con los terrenos ganados al Río de la Plata.
Por rellenados sucesivos, se pudo ganar varias manzanas todo lo largo de la rivera del río, en donde además se construyó el llamado "Puerto Madero" y los diques de carga y almacenamiento de mercaderías que ingresaban por el Puerto de Buenos Aires ("Docks"). Marcado con un círculo rojo se encuentra la ubicación de la futura Escuela Industrial de la Nación. |
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En 1899 se separa el Departamento Industrial de la Escuela Nacional de Comercio y se crea la Escuela Industrial de la Nación cuyo Director será el Ing. Otto Krause, quien se propondrá difundir la enseñanza a fin de convertir a la Nación de “consumidora en productora industrial ...”; ya que según sus propios conceptos “las industrias son una manifestación del genio humano, y constituyen la base del estado social, de la riqueza y prosperidad de las naciones ... los pueblos más adelantados son potencia ... por su importancia industrial ... la enseñanza debe dejar ideas y principios definidos y perfeccionar los conocimientos que se adquieren por la ciencia y la experiencia ... “
Por lo expuesto encara nuevos planes de estudio de acuerdo a las necesidades del país, emanadas de su desarrollo industrial. “El tecnicismo debe tener siempre como base en estas escuelas los procedimientos elementales de las ciencias a fin que los alumnos puedan fácilmente y en poco tiempo asimilarlo. Este aprendizaje no puede hacerse con provecho sino prácticamente sobre modelos y sobre las mismas máquinas y por lo tanto requiere esta escuela más que ninguna otra un buen museo de aparatos y máquinas”.
En 1902, teniendo en cuenta el incremento constante de alumnos y que las instituciones análogas de EE. UU. y Europa disponen de edificios diseñados de acuerdo a las más avanzadas técnicas, se hace indispensable la construcción de un edificio adecuado. “Edificio de educación práctica que aunque sencilla en su ornamentación será el símbolo visible y la manifestación externa de un nuevo progreso de la cultura que realiza el país bajo la actual administración”.
El Ing. Otto Krause prepara el programa para la construcción
del edificio y se encomienda al Ing. Carlos Massini la ejecución de los
planos definitivos, siendo el mismo el autor del conocido “Hotel de Inmigrantes”
de la ciudad de Buenos Aires, en el cual se alojaba a principios de siglo 790
personas por día y por el cual pasaron 289.640 personas en 1910, la mitad
de italianos y un cuarto de españoles, siendo el cuarto restante de otras
nacionalidades.
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En 1903 el Presidente Julio
A. Roca, en ejecución de la ley 4154 del 18 de diciembre de 1902
decreta la aprobación de los planos, pliego de condiciones y especificaciones
que formulara la Inspección General de Arquitectura del Ministerio
de Obras Públicas “a construirse en la manzana N° 19
de los terrenos del puerto, comprendida entre las calles Paseo Colón,
Chile, Azopardo y México” El llamado a licitación pública es para el 30 de abril de ese año. |
A partir de entonces y hasta su construcción definitiva, se sucedieron nuevos llamados a licitación y realizaron modificaciones al proyecto original que básicamente constaba en su frente de Planta Baja y Primer Piso, resumiendo severidad y elegancia, según lo requerido por los edificios educativos.
Finalmente, en 1907 se ocupa el nuevo edificio al que le es incorporado un Segundo Piso sobre su fachada principal, y que queda concluido en 1908, inaugurándose oficialmente el 24 de mayo de 1909.
Este nuevo edificio cuenta con una superficie de 9341 m2 compuesta de dos cuerpos separados. Una constituido por Planta Baja y dos Pisos que contienen aulas, gabinetes, laboratorios, museos, biblioteca, oficinas, vivienda del casero y otras dependencias. El otro, integrado por Planta Baja y Primer Piso, que alberga los Talleres donde se imparte el aprendizaje del trabajo manual.
Por otra parte continúa llegando a la Escuela equipamiento de Europa, previsto y adquirido por Otto Krause. Ya en el nuevo edificio se ratifican los programas de estudio implementados años atrás y se crea la especialidad Electrotecnia, teniendo en cuenta la imagen del país que aspira a incrementar sus industrias y de este modo la riqueza pública.
Una vez más se encarga al Ing. Otto Krause la organización y programación de una Escuela complementaria industrial para obreros y aprendices, que funcionará anexa a la Escuela Industrial de la Nación. Con cursos de dos años de duración de dictado diario y horario reducido, donde se impartirá instrucción complementaria elemental al obrero en el arte industrial y técnico. Será requisito de ingreso saber leer, escribir y las cuatro operaciones fundamentales de la Aritmética y los egresados recibirán un certificado de idoneidad. Un año después en 1909 se designa a Otto Krause como Director General de las Escuelas Industriales de la Nación.
Por todo lo expuesto precedentemente se puede inferir que la Escuela Industrial de la Nación Otto Krause así llamada por decreto del Presidente de la Nación Dr. Marcelo Torcuato de Alvear, suscripto por su Ministro de Instrucción Pública Dr. Antonio Sagarna en el año 1925, no sólo es la primera escuela industrial del país, sino también una “institución modelo base de todas las Escuelas Técnica del país que la tomaron como ejemplo".
Análisis
de la problemática espacial
El edificio construido a principios del siglo XX y especialmente diseñado para la función de escuela industrial, se encuentra emplazado próximo a la Avenida de Mayo, eje histórico de la Ciudad de Buenos Aires, y entre las Avenidas Paseo Colón - Leandro N. Alem e Ing. Luis A. Huergo – Madero (constituyéndose ambas como barreras virtuales, en terrenos ganados al río).
En este entorno espacial se dan dos tipos de funciones predominantes, administración pública y educación.
Las primeras se desarrollan en los edificios públicos: Casa de Gobierno, Ministerios, Cajas Previsionales, Aduana, etc. Las segundas lo hacen en edificios de dos tipos: públicos: Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, Escuela Otto Krause, Colegio Nacional de Buenos Aires, Manzana de la Luces, Edificio para el Ciclo Básico Común de la UBA y otros; y privados: Ciudad Universitaria de la Universidad Católica, Escuela de Capacitación del SUTERH, Colegio Industrial Ing. Huergo y otros.
La mayoría de los edificios públicos así como la edificación circundante en general datan de principios de este siglo. Si nos remontamos a esa época (1880 – 1930) nos encontramos ante un sistema de creencias y valores que la caracteriza.
Impera el liberalismo con su valoración de lo pragmático y útil; y para el cual se hace necesario conquistar el poder político para alcanzar el poder económico.
Así el estado adquiere un papel fundamental y decisivo en el desarrollo del país. Es éste quien tiene además la misión educadora del gusto: escuelas públicas.
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La monumentalidad es imagen
del poder político y económico que da prestigio y respaldo.
El estilo adoptado debe ser elegido de acuerdo a estos nuevos parámetros;
todo cambio alardea de recursos económicos. El liberalismo, gestado en Europa, importa de ésta no sólo sus ideas sino también sus formas y técnicas. Las formas son expresivas
de valores ajenos, y las técnicas aportadas por la ingeniería
se traducen en nuevas oportunidades para la construcción.
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Preceden de Europa además las materias primas, las maquinarias y la mano de obra (inmigrantes). Paralelamente el historicismo valora los símbolos y reacciona contra el presente. Se producen desencuentros entre las nuevas técnicas y los estilos. Surgen nuevas funciones de vida, nuevos temas, pero no nuevas formas. En este marco se desarrolla un eclecticismo modernista al cual responde el estilo arquitectónico de la Escuela Industrial de la Nación.
Eclecticismo, según la Real Academia Española, es: “escuela filosófica que procura conciliar las doctrinas que parecen mejores o más verosímiles, aunque procedan de distintos sistemas”.
“Eklekticos” proviene de “Eklegien” que en griego significa escoger o elegir.
Si aplicamos este vocablo a la arquitectura, las doctrinas son los estilos históricos, debidamente autorizados, homologados y codificados por los estudiosos y los intelectuales en general, y por los teóricos e historiadores de la arquitectura en particular.
Para la Argentina, la aparición en la Arquitectura del eclecticismo historicista significa un profundo cambio cultural manifiesto en la manera de pensar y sentir la misma, su producto satisface una necesidad colectiva, no es la expresión exclusiva de un sector determinado, por lo menos en el ámbito capitalino.
Teniendo en cuenta el contexto que le diera origen, podemos analizar la planta del edificio de la Escuela Otto Krause que se desarrollo simétricamente respecto de un eje principal trazado a partir de su acceso desde la Avenida Paseo Colón y hasta llegar a la fachada opuesta sobre la calle Azopardo. Eje que se mantiene también sobre las fachadas de estilo ecléctico. En esta se destaca además de la simetría la armonía, cualidades ambas de la arquitectura francesa en la que las proporciones y relaciones matemáticas son muy importantes. Es característico del estilo renacentista italiano la planta rectangular con dos patios paralelos, rodeados por las galerías de acceso a aulas, laboratorios, museo y gabinetes de clase. El edificio consta de tres plantas y subsuelo. Todas las fachadas están perfectamente moduladas vertical y horizontalmente, presentando todo el conjunto una modalidad severa y adusta que le confiere cierto aspecto monumentalista.
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El acceso principal se materializa por medio de un portón de hierro y vidrio situado en la parte central de la fachada, emplazada sobre Paseo Colón, que remata en arco; al igual que las esquinas semejando torres.
Una calle interior con acceso desde las calles México y Chile separa el cuerpo del edificio anteriormente descripto, del cuerpo correspondiente a los talleres, concebido con posterioridad y de manera distinta al anterior por el Arq. Buschiazzo a mediados de la década del ’30, en hormigón armado, con cubiertas tipo shed, de neto corte fabril.
La planta del cuerpo de talleres también rectangular se desarrollo alrededor de un gran patio longitudinal, y según el eje de simetría transversal ya mencionado.
El edificio consta de una fachada emplazada sobre la calle Azopardo de dos pisos y un pabellón de un piso paralelo a ésta en su interior, ambos perfectamente modulados, con amplios espacios cubiertos siguiendo los esquemas previstos para grandes luces (si bien ambos pabellones muestran resoluciones tecnológicas distintas en sus cubiertas) al igual que las plantas de las fábricas inglesas y alemanas. Como éstas, son iluminación cenital y grandes paños vidriados en todos sus frentes, lo que permite la utilización de la luz natural del día.
| Esta concepción permite,
aún hoy, su adecuación y refuncionalización en virtud
de las nuevas tecnologías y especializaciones, como así
también de las nuevas especialidades debido a su gran flexibilidad.
Los avances tecnológicos, y por ende los nuevos requerimientos de la industria, redundaron en la adecuación de los espacios e instalaciones pensados para la especialización de la industria de principios de siglo (mecánica, química, construcciones y electrotecnia) y a las que se agregaron Computación y Electrónica. Así se agregan las aulas interiores y las laterales con frente a las calles México y Chile. Se organiza el Museo Tecnológico que lleva el nombre del Ing. Eduardo Latzina en honor al primer Vicedirector y sucesor del Ing. Otto Krause en el cargo de Director del Colegio. Se habilita el subsuelo, donde se instalan distintas plantas y las dependencias actuales del taller de telefonía y equipos de computación que contribuyen a la práctica de los alumnos. |
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Hasta allí llega también la ampliación del Laboratorio de Ensayos de Materiales, con un laboratorio de Fotografía, y las aulas de los Cursos de Pos-grado. Se refuncionalizan la planta baja, el primer y segundo piso; tratando de agrupar sectores comunes y especialidades: Area directiva – administrativa, Aulas del Ciclo Básico, Aulas del Ciclo Superior, según especialidades, etc.
Sin embargo, a pesar de la adaptación de
los espacios mencionados, se observa una falta casi generalizada de conservación
y mantenimiento de los bienes muebles e inmuebles y de equipamiento que opera
en detrimento de los espacios. Cabe mencionar por otra parte, que los Talleres
y Laboratorios del colegio contribuyen con el autoequipamiento, ya sea fabricándolo,
ya realizando “trabajos para terceros” de los cuales se obtienen fondos para
invertir en dicho equipamiento. Así también, hasta su traspaso
a la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, parte de lo producido en Talleres
quedaba a disponibilidad del Consejo Nacional de Educación Técnica
para su distribución entre las Escuelas Técnicas de todo el país.
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También, gran parte
del mantenimiento edilicio corre por cuenta de los talleres y en muchas
ocasiones se realizó mantenimiento en lugares ajenos a la Escuela
por requerimiento del C.O.N.E.T.
Pero esto no resuelve los graves problemas ocasionados por la falta de conservación y mantenimiento adecuados; ya que no sólo se carece de recursos humanos sino también económicos, sin los cuales no es posible “salvaguardar el patrimonio arquitectónico y cultural de la Escuela Industrial, que es símbolo de la enseñanza técnica”. |
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CONCLUSION:
Salvaguardar Continente y Contenido
Hoy en pleno cambio y con la entrada en vigencia la llamada “Ley Federal de Educación”, es necesario tomar conciencia de que todos, incluso las entidades intermedias en mayor medida, debemos participar buscando propuestas alternativas y soluciones que contribuyan a conservar esta institución, como otras tantas que forman parte de nuestro acervo cultural.
La Escuela Industrial tiene como institución un compromiso asumido para con la sociedad; en primer instancia para la comunidad educativa, en segunda instancia con la industria, y en tercera instancia con el estado. Pero a su vez la sociedad tiene un compromiso para con aquella.
Reflexionamos entonces sobre lo expuesto y tomemos conciencia que por ser la primera escuela industrial de la nación, el Otto Krause así llamado en todo el país y el mundo (*) “es inseparable de la historia de la cual es testigo y del medio en que está situado. Los elementos destinados a reemplazar las partes que falten, deben integrarse armónicamente en el conjunto, los agregados deben respetar todas las partes interesantes del edificio, el esquema tradicional, el equilibrio de su composición y sus relaciones con el medio”.
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